
Gracias, infinitamente a todos los que me llenáis de comprensión y cariño.
Sin conoceros, sin tocaros, os quiero. (Sonó recursiiiiiiiiiiiiiiii)
He aquí una debilidad mía, ajajajaáaaaa.... o una imprudencia, o un arrebato, o un descargo necesario, ya no sé...
Le mandé unas líneas al patán de los cojones.
Sin acuse de recibo. Para ahorrarle el tener que responder. (Sobre todo porque su miedo infinito a TODO se lo impediría)
Lo transcribo aquí.
Es un poco patético, lo reconozco.
Porque, ahora que releo, no estoy de acuerdo con algunas cosas... pero bueno, sigo siendo una ingenua de mierda para cosas vitales y de cariños, me temo.
(Este blog se está convirtiendo en una novelita a plazos ¿se fijaron?)
"Creí que no llegaría a escribir esto. Pero sí.
Lo siento. Lo necesito. Lo preciso para continuar.
Espero que después de escribirlo ya todo se borre, de mi cabeza, de mi ser, de mi memoria, de mis entrañas, de mi todo.
Lo espero, lo deseo.
He tratado de explicarme. De buscar. De justificar.
Y, no. No encuentro un por qué lógico.
Lo siento.
No puedo.
Nada que me indique cómo un amigo puede llamarse a sí mismo amigo y luego desaparecer del mapa, de ese modo.
Y digo amigo, nada más.
Y nada menos.
Necesito continuar, y no puedo.
Porque me siento usada. Porque me siento imbécil. Porque me siento engañada.
Porque creí, de veras, que podía contar contigo.
Tal vez tú también lo creíste, y en algo te fallé, no recuerdo. Ya te dije en su momento que tengo una gran laguna.
Simplemente sé, por descontado, que estas cosas pasan por confiar en quien no se debe.
El problema, es que yo creí que sí debía confiar en ti. El error es que creí que me demostraste que sí se podía confiar en ti.
Pero da igual. Esto no es más que puro desahogo.
Porque, como ya he dicho, me siento tremendamente imbécil.
Porque en ningún momento he pretendido nada más, nada que tú no quisieras.
Porque, te puedo asegurar que el último día que te vi, en(omito la ciudad, jaja), sabía que me estabas mintiendo, que seré gilipollas, pero no tanto.
Sé que si no hubiera tenido nada que devolverte no hubieras quedado conmigo.
Lo tengo claro.
Ahora más que nunca.
Y me duele, sinceramente.
Me duele que no fueras capaz de decírmelo.
Me duele que no tuvieras el arrojo que sí tuviste para tantas mentiras.
Me duele porque te consideraba mi amigo, no por otra cosa. No vayas a pensar.
Me duele perder una amistad cuando la valoro. Sobre todo cuando me dicen que me van a demostrar lo que significa “ser un buen amigo”. Gracias.
De todas formas, sí, me lo demostraste cuando estaba ingresada, ahí sí. Gracias.
Pero ya sabes, te dije lo de las facturas, y te lo repito, ahora en serio, que si lo deseas me las puedes pasar. Y lo pones en el currículum, como consulta. No hay problema.
Te repito: no me eches mucha cuenta. Es un descargo. Me hace falta. Mucha falta.
Lo necesito. Necesito seguir con mi vida.
(Lo de las facturas lo decía en serio, sin problemas, eh)
Lo de la cuenta, la de (xxxx), por si te queda alguna duda, quiero que tengas claro que fue sin querer. Es decir, que te agregué, obviamente queriendo, pero sin intención de comprobar nada. Te agregué como agregué a todos aquellos que consideraba mis amigos, y punto.
No me dedico a perseguir a nadie.
Claro está que de paso me sirvió para darme cuenta de que alguno que yo pensaba que era mi amigo no lo era tanto, cosas de la vida. Siento que sea así.
De todos modos, es un alivio saber que no soy la única. O no, no sé si es un alivio, o si una se siente más gilipollas aún. Es una sensación extraña.
Supongo que desde la otra parte tampoco se llevará muy bien, o sí. Quizá uno se sienta más omnipotente, no sé.
Es igual.
El mundo es un pañuelo, de veras.
Y al final, todos nos acabamos tropezando con el mismo patán.
Por desgracia.
Pero, como ya te dije, y lo dije muy sinceramente, en eso soy incapaz de mentir, espero que te vaya muy bien, de verdad. Lo espero, lo deseo. Por ti, porque creo que en el fondo te lo mereces.
Y, bue… ya dije, descargos, desahogos, un poco de todo, no sé si me dejo algo.
Probablemente. Pero, tranquilo, no creo que vuelva a escribirte. Vamos, no. Tranquilo.
Soltando lastres.
Un peso muerto menos, creo.
Me da pena. Porque el sabor de boca se amargó. Después de lo bueno que me diste.
Cuando las cosas se hacen de cara no amargan tanto, te lo aseguro. No soy psicóloga, pero sí sé que más vale un dolor a tiempo que una agonía a plazos.
Y más vale hacer que prometer.
Me dejo de refranes, palabras y milongas, lo siento. Mucho desahogo acumulado, me temo.
Ya está.
Cuídate, y sé feliz.
Un beso."
"Estas letras no las protestaré"
Mentira... ahora pienso que ... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡La concha de su madre!!!!!!!!