23.7.10

Lentitud

Cuanto más deseas que algo pase más lento pasa el tiempo. Es algo que es así, impepinable.
Vale, lo entiendo. Pero me jode.

Las horas, los minutos, los segundos se me hacen eternos. No acaban de pasar nunca. Y eso que el tiempo no ha parado. No se ha detenido.

Pues jode. Y mucho.

Quisiera no tener que estar pensando el cómo sino el cuándo. Quisiera tenerlo todo zanjado. Todo atado y bien atado. Pero hay cabos que no acaban de mostrar su final, hay extremos que no están a la vista.
Queda por hacer, por acabar, por limar.

Me agota este fingimiento sin sentido. Me agota esta pose. Me agota.
No quiero más mentiras en mi vida, en lo que me quede de vida.

22.7.10

Extrañezas

Nos hacen creer que ciertas fechas son importantes, se celebran las cosas, se homenajea, nos damos importancia.
Esas fechas son las peores.

Que se acuerden de ti personas que no tendrían por qué hacerlo (o por qué manifestarlo) y que otras permanezcan ausentes aun siendo partícipes y parte implicada te deja mal sabor de boca.

Porque hacemos balance, balanceamos la vida, y pesa, pesa como nunca. Como el plomo.
Duele todo. Duele la nada. Cada gesto cuenta, cada omisión de socorro.

Seguimos porque tenemos que seguir, porque quien te recibe cada día como si vinieras de la guerra no se merece ser abandonado. Por nada más. No hay alicientes ni esperanzas. No hay más camino que recorrer.




15.7.10

Los ausentes, la ceguera y la invisibilidad impuesta.

15 de julio de 2010, de noche, madrugada, calor insoportable:

Desconozco el porqué, pero los hay muy ausentes.
Si todo fuera distinto no tendría importancia, quizá no notaría esas ausencias. 
Pero no lo es.

Cuando creemos que no podemos caer más bajo nos sorprende algún hecho, quizá casual, quizá no, pero nos sorprende y nos hace repetirnos otra vez: 

todo, absolutamente todo puede ir a peor.

No todas las ausencias duelen igual, de hecho algunas no duelen, ni se notan. Otras machacan.
Pero desconciertan, aturden.
Me replanteo las cosas, una y otra vez, y no acabo de comprender, de entender, de vislumbrar.
Me planteo si es que tengo un poder mágico que desconozco, me planteo si, de verdad, me he vuelto invisible y por eso no existo para nadie.
No lo sé. Es posible que ésa y no otra sea la razón más lógica.
O todos se han vuelto ciegos y sordos. Es posible.

Desconozco el motivo, no sé a qué se debe.
Debo estar en una realidad paralela, me ha tragado un agujero negro y ya no existo más que en mi mente.
Puede ser eso. O no.

No, no estoy quieta, me muevo, me comunico, hablo, escribo, pero no hay respuesta. No contestan.
Quizá es que no existo. Que no soy. Que no escribí nada y que no llegó.

Sobrevivo en esta cueva de humo. Convivo con alguien, pero no me ve, no me oye. Como si no estuviera.
Esto ya me suena de algo, es lo que ha venido ocurriendo en los últimos tiempos, cuando aún creía que todo era salvable. Cuando el mundo era árido pero cambiable. Cuando creía tener razones para seguir.

Son muchos los ausentes, muchos, casi todos. 

Están las ausencias absolutas. El vacío. La nada. Quienes no están ni estuvieron. 
Están también las ausencias, sin más. 
Están quienes quieren y no pueden, los menos, pero los hay. Y no pueden ahora ni podrán. Porque no, tienen otras urgencias más grandes, no pueden estar, y les entiendo. La vida les llama, les aclama, les reclama. Y tienen que estar donde tienen que estar.

Dicen que los amigos se pueden contar con los dedos de una mano. 
A mí me sobran 9 dedos. Los pies ni los cuento.

Desconozco qué me hizo invisible, lo desconozco. No lo sé. 
Pero lo soy.

La invisibilidad como estado emocional que crece exponencialmente.

Sin saberlo, de la noche a la mañana te has vuelto invisible, nadie te mira, nadie te conoce, no eres, te sacaron de sus vidas sin más. Y ni te enteraste.

Te metieron en una burbuja opaca para que nadie te viera.
La soledad, sin alivio, mata.




6.7.10

La Miseria

La miseria
               es
                    esto.

Sí, esto mismo.

La nada. La podredumbre. El vacío.

*
Ausente, anónima, excluida.
Como si no existiera.
Cadáver perpetuo.
A la deriva.

Sin asideras.
*

Cuesta abajo
y
con impulso.

Resbalando.

3.7.10

Brindo por el fracaso de la honestidad.

[O penúltima carta a un ser despreciable]


No te creo. No me creo nada de lo que me dices o me vayas a decir. Todo suena a impostura, a pose, a afectación ensayada. A engaño. A lavado de conciencia.
Todo, absolutamente todo en ti está podrido, manchado. Salpicado por tu lodo.

Te agradecería que, de ahora en adelante, te hicieras a la idea de que no existo, de que me morí. Así será todo más fácil. No te costará mucho, es lo que has hecho todos estos meses.

Te agradecería que no pidieras perdón por cosas que no sientes. Por cosas que has hecho, y haces, consciente de tus actos. Lo agradecería, de veras.

El día que te atrevas a afrontar tu cobardía y a dirigirte a mí con honestidad, hablamos. Pero dudo que ese día llegue. Lo dudo tanto que no lo creo.

Lo mínimo que se le puede ofrecer a alguien, digo lo mínimo y digo alguien, a cualquiera, es un poco de coherencia, un poco de honestidad. Y a ti te falta. Al menos conmigo.

Sé que ahora tienes el ego muy inflamado, y probablemente otras cosas que no son el ego. Por ello te agradecería que no trates de fingir algo que no es.

Sinceramente, alguna vez me gustaría saber cuánto tiempo y hasta qué punto he estado siendo engañada. No por masoquismo, sino por saber con la clase de persona que he estado proyectando mi vida. Perdón, con la clase de persona que creía estar proyectando mi vida. Obviamente era cosa mía, por tu parte nunca existió intención alguna de proyecto en común, ya que de ser así, yo, parte implicada, habría tenido noticias de qué pensabas, sentías o querías.

Y te digo esto porque creo que ni siquiera sabes a qué te refieres cuando pides perdón. Porque no tienes la más mínima idea de lo que es vivir, dormir, follar con alguien que te ha borrado de su vida hace mucho tiempo. No sabes lo que es tratar de hacer feliz a alguien para quien tú sobras o eres un estorbo.
No te haces la más mínima idea. Ni creo que te la hagas en un futuro.

De todos modos, no te preocupes, la mentira, la falacia, el engaño reiterado, no está mal visto. De hecho está en auge. Hay mucha gente que lo practica a destajo. Si tanta gente lo lleva a cabo quizá los que estemos equivocados seamos el resto, quienes nos damos a pecho descubierto. Si todas las moscas van a la mierda será por algo.

De nada por estos años. A mí me han costado mucho, espero que los disfrutaras y te quede mejor sabor de boca que a mí. Al menos tienes la certeza de que yo nunca te he engañado, y nunca, te lo aseguro, se me hubiera pasado por la cabeza hacerlo. Antes hubiera preferido hacerte sufrir con la verdad que verte perder el tiempo y acrecentar el dolor después.

La mediocridad como razón de ser

Hay gente que pide perdón y ni siquiera es consciente de hasta qué punto deben pedirlo, de hasta dónde nos ha jodido, del tamaño de su cagada. Ni la huelen.

Pedir perdón como forma sencilla y fácil de aliviar conciencias.

Te pasan la carga a ti, encima, porque cuando se solicita el perdón es como si dijéramos: "ahora te toca a ti, si no sabes perdonar es tu problema".

Pues no, mi problema es toparme con gente mediocre y mezquina, mi problema es darlo TODO, hasta el cuello.
Mi problema es que cuando confío en alguien confío, y por eso me la meten doblada. Porque alguna gente es como el párvulos al que el profesor le deja solo en clase y le dice "no toques nada", obviamente tocará. Esa gente abusa de la confianza, con premeditación y alevosía, y piensa para sus adentros: "es su problema, no haber confiado".

A esa gente: ¡Que os jodan!

2.7.10

La búsqueda, los cálculos

Por fin se van cerrando etapas.
Quedan aún, quedan.

Queda mucho por cerrar. A cal y canto.

Mientras tanto iremos buscando la salida definitiva, como podamos, como sepamos.
Luego se verá.
Pero cada vez más cerca, del final.

Comienzan las despedidas. Decir adiós es fácil cuando sabes que es definitivo. Lo duro es cuando no sabes qué te espera, o cuándo volverá a juntaros la vida. A mí eso dejó de importarme hace mucho.

Siendo coherentes: me quiero morir


Pues sí.
Desconozco por qué un 18 de mayo de hace 5 años me salvaban la vida, por qué el 20 de mayo estaba yo en casa, creyendo que había superado lo insuperable. Sin saber que vendría otro mes de mayo funesto. Ilusa.
¿Por qué en ciertos momentos nos creemos unos privilegiados que nos vamos a comer el mundo?
¿Por qué tenemos esa osadía?

Siendo coherentes lo mejor sería no estar, no ser, mandarlo todo al carajo de una vez.
Dejar de estorbar. Dejar ya, de una vez, todo.

Hay gente que lucha, que se les va la vida, y que no pierde el aliento. Y hay otra gente que busca las formas de acortar este sufrimiento continuo, esta desazón, este desaliento.
Yo soy de las últimas.


Alargar la estancia es sólo alargar la agonía.

Cadáver que habita, que respira, que sufre.
Pero cadáver al fin y al cabo.

Y entonces vienen otras preguntas:
¿Tengo las cuentas saldadas? ¿Le debo algo a alguien? ¿Tengo una deuda impagada y embargarán a quienes quedan? ¿quién se hará cargo de todo? ¿quién me encontrará? ¿quién cuidará por mí de quien dejo?
Y aparecen más aún:
¿dolerá? ¿será rápido? ¿es necesario que haya sangre? ¿quién limpiará todo después? ¿y si me quedo en coma?

Entonces, el cadáver reflexiona lo poco que da de sí su mente a estas alturas (la locura no es la mejor de las escapatorias), y se da cuenta de que nadie podrá cuidar de quien deja, de que, probablemente tarden días en encontrarla, y de que cuando lo hagan sea porque apesta a bicho muerto.

Se da cuenta de que todavía no puede irse, y eso jode más si cabe.

Tendrá que encontrar a alguien, alguien tiene que hacerse cargo. Hay que cancelar cuentas. Hay que dar de baja servicios. Hay que colocar el muerto ese que anda rodando de casa en casa en algún sitio.

Antes de irse hay que hacer muchas cosas.
Y cansa.
¡Joder si cansa!

Y los demás no comprenden las urgencias. No comprenden ni entenderán nunca la Necesidad de acabar con todo cuanto antes.

Cuanto antes mejor.

Pero ese cuanto antes aún tardará, y jode, y jode, y jode mucho.


Siendo sincera: me quiero morir.

Me estrella no poder dejar de ser responsable ni en mi propia inmolación.