15.5.05

Creo que...

Creo que perdí la chaveta... el norte... algo.. Algo se torció en mi mente, definitivamente, algo no concuerda.

Puede ser que me di cuenta de que todo es más y más negro aún, y eso duele mucho, mucho, mucho, mucho más, más, más, más, más... hasta el tope donde duelen los huesos, la punta de los cabellos. Duele tanto, que ni el llanto alivia. Duele tanto que no hay palabras, sílabas, verbos, que expliquen o mitiguen mi dolor, nada, nada que lo consuelen.

Eso ayuda, ayuda a que ennegrezca más y más.

Del otro lado está la culpa terrible de quien se sabe preso porque quiere, de quien se siente deudor, de quien se sabe necio, de quien sabe que el que calla otorga... y otorga, y otorga, y otorga, y otorga, otorga, otorga... Mil veces otorga. Quien calla una vez se vende por siempre.

Creo que... creo que me estoy perdiendo.

En mitad de todo este marasmo... otra de mis locuras, quizá la más inútil ahora, este amor absurdo y sin sentido que despega hacia ninguna parte. Que trato de abortar una y otra vez, que me duele, que me quema, que hiela, que no quiero que nazca, que sí quiero, que ya no sé ni qué quiero... este hombre... este hombre que no sé qué tiene... ¿qué tiene? Me pregunto... ¿qué me da?... Me digo “déjalo estar” y más lo amo, o ya no sé ni cómo llamar a esto... otra locura más, otra más para el saco. No lo sé. Me atormenta, y no me atormenta. Me duele. Y no me duele. Lo amo. Y no quiero. No lo tengo. Y no quiero tenerlo.

Y este frío... este frío... me invade los poros, uno a uno. De la cabeza a los pies. Infinitamente. Totalmente. Me deshace. Me convoca. Me despeña.
Me pervierte.

Este frío.
Nada que me abrigue.
Nada que me aliente.
Nada que me dé calor.

De ahí estas ganas de morirse que le entran a una de vez en cuando...
Quizá por eso es que una anda como dormida, como para no darse cuenta, para no pensar, para no darle vueltas a las cosas... quizá es por eso que la anestesian a una. Para que las ganas de dormir sean más grandes y se duerma por horas en un sofá... es posible.

Ya me creo cualquier cosa.
Hoy, precisamente hoy, nada me sorprende.
Me hice anciana de repente.