22.6.10

Nadie es culpable, hasta que lo es.

Ningún asesino lo es cuando nace.

Por esta sencilla razón me hace gracia cuando recuerdo sus palabras a modo de autoexcusa: "no ha sido así todos estos años". Pues mira, me da igual. Si hubiera sido así desde el principio ten por seguro que sólo te habría aguantado tu puta madre, imbécil de los cojones.

Lo que queda de todo este tiempo no es más que mierda podrida. Lo que me quedan son meses a solas, a la deriva, tratando de serle útil a alguien que ya me había borrado de su vida. Lo que me quedan son los engaños, las mentiras, los proyectos en los que yo no pintaba nada.

Lo que me quedan son llamadas a deshoras, la soledad, la martilleante sensación de estar volviéndome loca (sin saber que eso, precisamente, era mi último atisbo de cordura).

Sí.
El asesino también nace inocente. Hasta que mata puede ser una persona admirable, un padre ejemplar, un buen ciudadano. Una vez que mata todo lo anterior pasa a un segundo plano.

La mentira no es más que otro arma de destrucción masiva, la pena es que no figura como delito, se acepta que todos mentimos, se acepta y no pasa nada. Los motivos que justifican el engaño pueden ser muchos, pero da igual, como todos lo hacen da igual. No pasa nada.
De hecho, en ocasiones vemos en la víctima al culpable. Que no nos mientan parece ser responsabilidad nuestra, como si dependiera de nosotros la mezquindad de los demás.

Yo no asumo más que la consecuencia de mis actos. Ni más ni menos. No soy responsable de la cobardía ajena, ni de su soberbia, ni de la vanidad con la que alguna gente juega a gestionar la vida de los otros. No, de eso no me hago responsable.

Cada palo que aguante su vela.

Y yo ya no tengo vela en este entierro. Quizá nunca la tuve, eso ya no lo sé.

Es una cuestión de prioridades. Cuando se dice que uno mismo debe ser la prioridad algunos se toman la frase a pie juntillas, y la aplican sin consideración alguna. Hasta el fondo. Y al resto que les jodan.

Pues aquí ando: mal jodida.




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