Hubo una tregua.
Y al igual que la guerra de los 100 años no duró 100 años, la tregua no duró toda la vida, duró menos de lo esperado, de lo deseado y de lo necesario.
Ahora, con las cartas sobre la mesa, comienza el juego: El solitario.
Nos arrancaron de ella. Nos la quitaron. Hay que prepararse, vendrán malos tiempos.
Cerrar puertas y ventanas. Fijar los enseres. Meterse en la cueva.
Y procurar no mojarnos, que ya no hay abrigos ni impermeables, que ahora todo cala
hasta el fondo.

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