Porque cada dolor tiene nombre y apellidos, porque cada herida tiene un lugar preciso, una cara, cada llaga es única, pero, con los años, van sumando, van calando, van restando.
A cada tropiezo se suman los anteriores, estaban ahí, esperando, aguardando, pacientes, sabiendo que llegaría su hora, su momento.
Con los años una va sumando fracasos, decepciones, desconciertos. Con los años una ve que todo le conduce a la nada.
Efectivamente el tiempo pone cada cosa en su sitio y a cada persona en su lugar.
Lo malo es que creí que mi lugar era otro.
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