8.6.05

Insecticida

Bohhh... todo lleno de hormigas. Cuajado. Miles. Millones! Millones! Cierto. Es cierto. De veras.

Me levanto, voy al baño, me miro al espejo y, ¡ay! me pican... me pican... se me suben... ¡es mi baño! ¡fuera!

Tremendo dilema.

Nunca pasé miedo por un insecto. Nunca. Ni asco. Nunca. Pero nunca maté uno conscientemente. No digo yo que no los pise sin querer mientras camino, esa es otra historia.

Dilema.

Millones de hormigas.
Lo puedo asegurar. Lo rejuro.
Recuerdo la vez que tuve que deshacerme de un nido de ratones... sí, son dañinos... pero... lo pasé remal, qué carajo... tardé días en decidirme...
Esto no puede tardar tanto, se me suben, me pican, muerden. Están inquietas.
Recuerdo las últimas páginas de "Cien años de soledad", me pongo neurótica.
No hay bebés con colita de cerdo, menos mal.

Recuerdo la bomba atómica... vaya comparación... para ellas debe ser similar, me digo... "sí, tú haz todo lo posible por sentirte culpable, masoca de mierda"

Dicen que una vez hecho algo, las demás veces cuestan menos... quizás a partir de ahora me aficioe a usar insecticida como arma antisectos sin mala conciencia ni devaneos conmigo misma ni nada por el estilo. Hoy tuve que escribir; efectivamente me sentí mala, ¿qué carajo hago matando a millones?

Me sentí como una gigante aplantando a millones indefensos...

Pero... picaban tanto... y... era mi baño...
Millones... lo juro...


"Las hormigas

Tracey era niña en un pueblo de Connecticut, y practicaba entretenimientos propios de su edad, como cualquier otro tierno angelito de Dios en el estado de Connecticut o en cualquier otro lugar de este planeta.

Un día, junto a sus compañeritos de escuela, Tracey se puso a echar fósforos encendidos en un hormiguero. Todos disfrutaron mucho de este sano esparcimiento infantil; pero a Tracey la impresionó algo que los demás no vieron, o hicieron como que no veían, pero que a ella la paralizó y le dejó, para siempre, una señal en la memoria: ante el fuego, ante el peligro, las hormigas se separaban en parejas, y de a dos, bien juntas, bien pegaditas, esperaban la muerte"

Eduardo Galeano.

No hay comentarios.: