Te lo dije, corazón, presta atención, estate atento, esto no es bobada, ya lo sabes, y tú: que sí, que vale... y mirabas para otro ladito.
Pues ahorita mismo ya sé la atención que me pusiste: NADA.
Y me vienes con penitas, con llantos, con tu latir descompasado, con tu echar de menos... ¿¿¿qué te dije??? ¿lo ves? Ni te acuerdas. Estabas a otra cosa.
Y vives tu síndrome de perrito abandonado, pero, coño! ni eres el perrito del anuncio, ni te recogió en tu casa ni nada, leches, a ver si te enteras de una vez... que todo hay que decirlo.
Escucha bien, porque no lo voy a repetir. Escucha:
A ver, mira, abre bien los ojos. Sí, como platos.
Él ya tiene perro. Perra más bien. ¿Vale? Y no va a meter dos perras en una casa, que eso es mucha tarea. Joder, y no te pongas así, que ya lo sabías. Eso te pasa por ir de golfa. Y por no prestar atención cuando se dan las instrucciones del juego, por eso siempre pierdes al parchís.
Ya lo sabes, la próxima vez escucha más y sueña menos, bonito. Que te alteras muy pronto.
(A mi corazón de repuesto, el primero ya murió repetidas veces, por supuesto)
1 comentario:
Os amo. Gracias!
Publicar un comentario